El Señor Duda tenía hambre.
Hambre de vida.
De la mejor conserva de la tienda de ultramarinos.
Sonrisas en escabeche, lágrimas en vinagre, miedos en salazón, amor encurtido.
Y yo no pude más que recomendarle un buen lomo telúrico.
El Señor Duda tenía hambre. Y la sigue teniendo.
Temblando, no supo elegir.
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3 comentarios:
regalale todo!
que viva contigo, preparen una cena de amores y un desayuno de cielos azules en el bosque.
ante la duda, croquetas de melancolía siempre.
sigo teniendo hambre sin saber què comer!
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