Por la blanda arena que lame el mar
Preciosa tocando viene
y su pequeña huella no vuelve más.
El silencio sin estrellas,
te requiebra el alma y la está llevando.
Al verla se ha levantado
dormida, Alfonsina, vestida de mar
y se va hacia allá como en sueños.
Los olivos palidecen
mientras el viento que nunca duerme
furioso, muerde.
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