Era una de esas noches de sueño liviano. Se despertó cuando escuchó el crujir de una puerta que se abre. A pesar de parecer gas volátil, a los fantasmas les gusta entrar por las puertas, no atravesar tabiques. Cómo si quisiesen recordar las propiedades de un cuerpo que hace tiempo que no tienen.
Y cuando llegan, las estancias no se tornan frías, a pesar de lo que se suele pensar. Hace ya un calor insoportable y sabe que está con él. Casi se alegra, es muy guapa. Pero está confusa.
-Puedo verte y sin embargo sé que no estás aquí. – susurra ella.
-¿Por qué piensas que no lo estoy? - responde él.
-No puedo tocarte.
-Nunca lo has intentado.
-¿Por qué sigues viniendo? - pregunta desesperada.
-Vivo aquí. Desde hace demasiado tiempo. Me temo que no soy yo el que vuelve cada cierto tiempo.
-No te creo.
-Lo sé, hemos tenido esta misma conversación tantas otras veces. Cierra la puerta cuando te vayas….por favor- añade.
Si una cosa le molesta, es que le despierten por gilipolleces.
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3 comentarios:
algo se movió dentro de mí...
me gusta como juegas con las situaciones
esto es condenadamente bueno, irma v.
me muero por encender un fuego, y rodearlo de niños para contarles el cuento.
quizá era que tenías hambre, chocozombie :)
vittt, niños y fuego nunca fue una buena combinación...
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