Rincón Nosocomial

martes 14 de febrero de 2012

nada es lo mismo.

La lágrima fue dicha.

Olvidemos
el llanto
y empecemos de nuevo,
con paciencia,
observando a las cosas
hasta hallar la menuda diferencia
que las separa
de su entidad de ayer
y que define
el transcurso del tiempo y su eficacia.

¿A qué llorar por el caído
fruto,
por el fracaso
de ese deseo hondo,
compacto como un grano de simiente?

No es bueno repetir lo que está dicho.
Después de haber hablado,
de haber vertido lágrimas,
silencio y sonreíd:

nada es lo mismo.

Habrá palabras nuevas para la nueva historia
y es preciso encontrarlas antes de que sea tarde.

Ángel González.





(gracias aloia)

viernes 16 de septiembre de 2011

maletas en el quicio.

- ¿Recuerdas, amor mío, aquella hipótesis discutida durante años por la comunidad científica?… Aquella que no podíamos creer, tan ridícula para nosotros que siempre deseamos estar juntos… Aquella que dice que dos años es el tiempo límite; el biológicamente plausible para el estado de más puro enamoramiento.

- Sí, recuerdo…

- Feliz segundo aniversario.

Un portazo. Silencio.

jueves 5 de mayo de 2011





Después de un día duro en un mundo de ratas.
Hay quien necesita un trago.

miércoles 8 de diciembre de 2010

fishfood

Si estos peces, que son míos, se alimentasen de palabras.

Las mías.

Estarían muertos de hambre.

Por suerte, la suya.

Viven.

lunes 20 de septiembre de 2010

biálogo.

-Señorita Vep, explíqueme con sus palabras ¿de qué cree que se le acusa?

-De vivir, su Señoría.

- En realidad, aquí puedo leer que se le atribuyen una serie de cargos por grave humor pendular y nervio arrebatado...

- Cada uno vive como quiere.

- Culpable.

sábado 21 de agosto de 2010

delicatessen.

El Señor Duda tenía hambre.

Hambre de vida.

De la mejor conserva de la tienda de ultramarinos.

Sonrisas en escabeche, lágrimas en vinagre, miedos en salazón, amor encurtido.

Y yo no pude más que recomendarle un buen lomo telúrico.

El Señor Duda tenía hambre. Y la sigue teniendo.

Temblando, no supo elegir.

miércoles 18 de agosto de 2010

al pie de la letra.

Llegó y la casa estaba vacía. Ni una luz, ni atisbo alguno de vida humana u otro tipo.

Cuando descubrió que no se habían entendido era tarde. Estaban lejos. Estaban perdidos.

“Si debéis huir hacedlo sin dilación. Tan solo dejad un sutil y pequeño rastro que parta de la verja posterior de la casa y yo sabré encontraros, compañeros. Viajaremos juntos allá donde podamos ser libres de nuevo”.

Recordó sus palabras mientras miraba fijamente un pequeño rastrillo de seis dientes que se hallaba a escasos pasos de la verja posterior…

Es que hay gente muy literal.